Dialogar con ¿Qué? o con ¿Quiénes? De la política de los hechos consumados a la política de los saldos programáticos ofensivos, un salto necesario de la política obrera y popular



Luego del primer mes de gobierno del partido/coalición FF, comienzan a aparecer los síntomas de lo ya conocido, eso que ya todos/as conocemos a la perfección, más en la Argentina, cuando se trata de justificar lo injustificable.

En la política de los partidos tradicionales, sobre la que crece también la socialdemocracia y el social liberalismo “alternativo”, como un sector de “la izquierda”, se dirige, se conduce, se tracciona ese consenso mayoritario, sobre las bases de la dominación, en el cual la política de los hechos consumados termina por inundar las retóricas de quienes osan llamarse los/as intérpretes de las masas y los sentimientos populares.

Justificativos, negaciones, ocultamiento y no podía faltar por supuesto la política del “daño menor”, del “mal menor”, de los “colaterales menores” de toda política y/o movimiento en el cual, en el mejor de los casos, se pasan por arriba, ni se mencionan, cuestiones de las que nadie se entera o relevan menor importancia para la “realpolitk”, la que se juega en el plano de “lo nacional”, solo por aquellos/as capaces de pasar a las “grandes ligas”, donde “los/as marginales” no accedemos.

Por eso pasa desapercibida para estas organizaciones, pasa a un plano menor, la visita oficial de relevancia internacional por prioridad a Israel que le dio el partido/coalición de gobierno que “encabeza” Alberto Fernández. Es “menor”, “insignificante” el gesto político por la tangente, de buscar la cooperación y el apoyo al régimen sionista genocida que secunda el mayor holocausto mundial que encabeza EEUU y la OTAN hace muchas décadas.

El abrazo al sionismo del apartheid mundial, no solo en gaza y contra los/as palestinos/as, el que también extermina, ocupa, participa y entrena para el avance del capitalismo imperialista internacional, para esta política de baja intensidad preocupada por los límites de lo nacional y lo macroeconómico fundamentalmente, no sorprende, ¿quiénes se pueden sorprender con esto?

Ni mucho menos puede causar, como pasa con algunos sectores de “la izquierda”, un rasgado de vestiduras al que pareciera que se le hiciese permanentemente flacos favores al perjuicio de la memoria histórica de nuestro pueblo, sobre el rol de las dirigencias peronistas y sus permanentes gestos de “ambivalencia” política entre genocidas y dictadores a socialdemócratas y liberales, eso sí, nunca pero nunca con revolucionarios/as por supuesto, ya se olvidaron, parece, del camarada John William Cooke proponiéndole a Perón refugiarse en Cuba en vez de la España franquista. De la ilusión también se vive, vive toda una clase parasitaria sobre nuestras ilusiones ¿no va a vivir el peronismo?

Pero, ¿qué significa realmente este gesto político del partido/coalición gobernante FF, en Argentina, un país donde el sionismo tiene tremendos y jugosos negocios y capitales bursátiles, además de intereses geoestratégicos con sus socios internacionales y las burguesías regionales? No hablamos solo de la lavada de cara a genocidas, hablamos de la coparticipación del financiamiento económico del mismo, en un país donde la cúpula sionista dirige negociados y capitales que forman parte de la timba y la deuda con la que se financió la fuga de estos, la más grande de la historia, encabezada por el clan macrista y sus socios peronistas, ¿Quién paga las balas de Israel?

La historia de colaboracionismo con el estado sionista y genocida de Israel es larguísima y tiene mucha tela para cortar, no es este el objetivo del texto.

La mención a este gesto político de la coalición gobernante, es solo la punta de un ovillo posible de desandar en muchísimos sentidos, como cada gesto y movimiento político de esta, desde las medidas económicas y políticas tomadas desde el 11 de diciembre hasta hoy, como dice el dicho, “para muestra hace falta un botón”.

El problema que tenemos surge cuando desde los sectores que luchamos genuinamente por una sociedad mejor, nos entrampamos con ciertos “diálogos” que no son tales sobre las políticas de los hechos consumados a la que nos acostumbran y nos domestican las clases dominantes de forma permanente.

“Hay que darle tiempo” a otro gobierno de la burguesía para que demuestre cuan burgués y traidor de los intereses de la clase trabajadora es, sobre la base de Expectativa vs. Realidad, sobre la base de hechos trágicos y palpables, plausibles, que conforman día a día las estadísticas de la REALIDAD obrera y popular, la que no juega como factor de presión en los/as aduladores/as de la política de hechos consumados.

Sobre los hechos consumados trabajan, tanto para generar expectativa como para trabajar sobre los desengaños, tanto desde la historia de la coalición gobernante como hasta ciertos sectores que, incluso siendo genuinamente de izquierda, sobre estas bases, siempre hemos terminado llegando tarde a la historia.

El miedo a la proporcionalidad numérica que lograron conquistar, tanto procesos genuinamente populares y revolucionarios que están en debate, como procesos que no lo son pero se los quiere presentar como tales, generó y genera permanentes dudas y retrocesos tales que siempre la política de los hechos consumados se termina por resolver a favor de las clases dominantes.

Creer que “pararse por fuera” de los fenómenos sociales es advertir al conjunto mayoritario de las masas trabajadoras sobre una derrota en puerta, es seguir en un tren que ha demostrado en la historia llegar a un destino trágico para nuestra clase.

Los/as trabajadores/as no podríamos “pararnos por fuera” jamás de nuestra realidad por el solo hecho de ser quienes tenemos el deber legítimo de pensar un horizonte que se revela histórico, humano, solidario, necesario y urgente para nuestros pueblos, y lejos debemos ubicarnos de estas encerronas de hechos consumados en las que nos pretenden meter a diario para que no desarrollemos una política, un pensamiento y sobre todo, una acción independiente.

Quienes terminan quedando una y otra vez POR FUERA de la clase a la que pertenecen, serán quienes no puedan advertir con justeza y verdad, con transparencia y responsabilidad, con humanismo y vocación revolucionaria a nuestra clase de su porvenir, mucho menos escudados en especulaciones puramente escolásticas, incontrastables con la realidad de nuestra clase sobre el terreno de lo cotidiano y lo histórico. Cuando esas especulaciones vienen de la burguesía las esperamos, pero las que provienen de nuestras filas con intereses ajenos, confunden, engañan y atrasan.

Si sobre los hechos consumados, se piensa que se puede construir una conciencia que supere la coyunturalidad estamos muy equivocados/as. Las necesidades de adelantarse a los hechos, mediante organización, advertencia, acompañamiento y acción están demostradas, y son parte de los hechos históricos que acompañaron a los grandes hechos revolucionarios que lograron hacer avanzar a nuestra clase hacia la necesaria cuestión del poder.

La ambivalencia en el mensaje a nuestra clase, sacándola del rol necesariamente protagónico, como sujeto histórico, y pertrechando gestos de “confianza” simbólica y no simbólica a una coalición de una clase ajena, que se sabe por demás cual será su accionar, revienta las bases de la organización independiente y desprestigia a los sectores que pretenden construir dirigencias y vanguardias en nuestra clase, siempre y cuando sostengan en alto sus principios más allá de los errores, la claudicación en estos ya deja de ser un tema de análisis y pasa a convertirse en un obstáculo/objetivo más para el combate.

Por el contrario, contra la política de los hechos consumados, nos ubicamos quienes pretendemos desarrollar una política programática de ofensiva, sobre la base de las necesarias y prudentes advertencias a nuestra clase, para poder encarar un desarrollo independiente y unitario, tanto de las luchas como de los programas necesarios, tanto para el avance de nuestra posición económica y política, como para el retroceso de las posiciones del enemigo y de quienes dicen ser nuestros amigos.

A cada acción ofensiva de nuestra clase, sobre la base de expectativa vs. realidad, las clases dominantes están obligadas a reaccionar defendiendo sus intereses imposibilitando aún más el desarrollo de la primera sobre la segunda.

La expectativa pasa a desmoronarse ante una realidad que la pisotea cada vez que puede, y aquí los hechos consumados pasan a alimentar la bronca del pueblo sobre quienes les mienten y sobre quienes les ocultan, como así también la desconfianza en quienes se muestran ineptos para dirigir y adelantarse a los hechos, ahora sí, ya consumados.

La política es también el arte de la proyección, y los lazos de coherencia los proporciona la ciencia y la historia, sobre la base de experiencias y aprendizajes, pero fundamentalmente sobre la base de una realidad material concreta. Una vanguardia obrera no puede construirse sobre bases ambivalentes y oportunistas, debe sostenerse sobre la coherencia y la capacidad de demostrar con el cuerpo, con los hechos consumados, el valor de las advertencias, aun en el desalentador panorama de ser minorías coyunturales, “marginales” para quienes creen que la historia solo se trata de cantidades metafísicas y antidialécticas.

Una política ofensiva, programática y propositiva, de evidencia y coherencia, de iniciativa permanente y lucha inteligente, creativa y audaz, se puede y se debe lograr, y no es sinónimo de sectarismo ni de vanguardismo ni nada de eso que pretenden asociar a esta idea, todo lo contrario, es la base de una unidad mucho más profunda, vocacional e interpretativa de las masas, de nuestro pueblo, de nuestra clase, de las bases.

Para ello existen los diferentes planos organizativos y programáticos necesarios, para no confundir las expectativas con la realidad, para no vivir de los hechos consumados y con vehemencia y oportunismo rasgarse las vestiduras cuando sucede lo obvio, eso es una política de una “vanguardia”, incapaz e ineficiente que jamás logrará la confianza necesaria para convertirse en tal. Sobran los hechos para demostrarlo, fijémonos las reacciones de “la izquierda” frente a la deriva de Podemos, IU, en el estado español, y en América Latina, frente los gobiernos y las coaliciones “progresistas”.

Fuera de los absolutos, ser crítico y no ser sectario son cosas que pueden convivir juntas, pero en las limitaciones con que se maneja el pensamiento dominante actual, incluso en la izquierda, esto parece ser imposible, por eso no puede terminar de despegar muchas veces, ni siquiera en un conflicto sindical, una posición independiente que se posicione sobre un hilo conductor que de perspectivas ofensivas a las luchas.

Ni hablar de esgrimir una posición convectiva en el debate sobre ¿qué es el socialismo y el antiimperialismo hoy? Parece que no se puede reivindicar a Chávez y a la vez criticarlo, no se puede reivindicar la lucha originaria de Evo y el MAS y hoy llamar a criticar su conducción política antidemocrática que lleva a una nueva derrota, no se puede reconocer las necesidades del pueblo argentino en su voluntad de recomposición de sus condiciones mínimas para luchar y a la vez llamar a construir programas convergentes, integrales y diferenciados, superadores, no se puede reivindicar la lucha heroica del pueblo venezolano y cubano, considerar que sus gobiernos fueron formados por la lucha revolucionaria, la voluntad de la clase obrera, y a la vez considerar un debate crítico en nuestra clase sobre el horizonte de estos y sobre la necesidad de debatir sus conducciones y dirigencias, no se puede reivindicar la necesidad del pueblo obrero iraní y de los pueblos de oriente a defenderse del imperialismo y de los grupos terroristas fascistas creados por este, echarlos y eliminarlos de sus territorios y considerar sus condiciones de lucha generales, sus correlaciones de fuerza, sus alianzas tácticas, a la vez que se denuncia a un régimen dictatorial que gobierna el capitalismo iraní y los capitalismos de oriente, y denunciar a un general que formaba parte de la represión de estos regímenes como el criminal Suleimani. Todo esto no quiere decir, para nada, que no haya momentos para analizar la necesidad de un cierre táctico de filas frente a un desafío mayor, como una agresión imperialista a Venezuela y Cuba (que no son Irán ni en lo más mínimo), por ejemplo, o frente a la dictadura boliviana de hoy. Para los absolutismos heredados, posiciones políticas no lineales como estas, les explotan la cabeza.

Voces “marginales” que se levantan para decir cosas que molestan sobre hechos consumados que ahora no quieren, “no convienen” debatirse, son el karma de estas políticas miserables que no nos dejan avanzar de forma independiente como clase, porque si hay algo que molesta, es reconocer los errores, y más cuando estamos hablando de los propios como clase.

Hoy en el marco de debate contra un gobierno en Argentina que no puede sorprender a quienes sostengamos con coherencia una estoica voluntad de lucha contra el capital, también debatimos, paralelamente, un balance de las experiencias “Socialistas” y de los gobiernos que hablan de “Socialismo”, como virtud necesaria para entender en que parámetros conceptuales nos movemos en nuestra clase, para trabajar sobre advertencias que también nos adviertan de lo obvio, en donde parece no haber necesidad de hacerlo.

Y en los absolutos nuevamente nos desencontraremos para reconocer que como clase hicimos experiencias erradas, logramos llevar en Venezuela a un militar del pueblo trabajador y a un chofer de colectivo a la presidencia de una nación, al igual que en Brasil a un obrero metalúrgico, en Bolivia a un sindicalista campesino cocalero, pero ¿que pasó? Algo hicimos mal, al igual que en otras experiencias “Socialistas”, como en la URSS, que nos demostró y nos demuestra como a pesar de todo, después de casi un siglo de “Socialismo”, se destruyó el sueño de Lenin. Todo lo que la nostalgia de los neo-stalinistas venera y reivindica increíblemente hoy en día (los gulags genocidas, los juicios y criminalización, la colectivización forzada, la desigualdad, la burocracia, la corrupción y la represión mediante), se esfumó y no hay una mínima crítica sobre eso como no la hay en el mismo recorrido, peor aún, de los gobiernos que siguen los pasos del cálculo económico y la perestroika sin siquiera las mínimas bases económicas, sociales, productivas de ese estado burocratizado.

Todos los valores macroeconómicos, la restitución de derechos, la disminución de los índices claro que es valorado, pero no solo no es suficiente en el sentido de lo humano fundamentalmente, sino que además en lo pragmático, en lo histórico, en lo eficaz y eficiente, es insostenible. No hace falta ni siquiera ser Socialista/Comunista (en serio) para ver el derrumbe electoral, incluso, de proyectos políticos más lejanos a Venezuela, Bolivia y Cuba como el del PT en Brasil y el del FA en Uruguay, como habrán sido de “revolucionarios” esos procesos para la clase obrera, que prefirió votar a la derecha más rancia y fascista, al igual que en Argentina hace 4 años, al igual que en Chile con Piñera.

La historia, una vez más la bendita historia, demostró una y otra vez la posición del Che, o se avanza al Socialismo/Comunismo radical y humanista, bajo democracia directa y se avanza en destruir la ley del valor sobre la base de una nueva conciencia comunista, o se restablece y se recomponen las relaciones de dominación de clase y viene la contrarrevolución.

Se toma de punta de lanza de estas obsecuencias las defensas estadísticas productivas, sociales, que todos/as las defendemos hoy, como la productividad monumental de la clase obrera soviética y los derechos humanos sociales en Cuba como la salud y la educación, o los índices de 14 años del gobierno de Evo en comparación con los gobiernos neoliberales, lo sabemos, y demuestran solo un poquito de lo que puede hacer otro tipo de organización social con mayor participación de la clase obrera en su propia plusvalía y aun no siendo un proceso “socialista per se”, pero no solo no son la meta de nada, son el punto de partida de algo que puede salir mal y salió mal y hay que corregirlo, aun con la oportunidad de hacerlo sobre la marcha como Venezuela y Cuba hoy. Pero sin un trabajo de conciencia y debate profundo en nuestra clase, rompiendo herencias propias destructivas, se vuelve bastante difícil, aunque hayamos avanzado muchísimo en estas décadas.

Si Cuba, Venezuela, o un posible nuevo gobierno de la burocracia que conduce al MAS boliviano hoy, y cualquier experiencia obrera y popular, postula seguir las recetas de Stalin, Gorbachov y Keynes estamos muy mal, (porque eso es lo que están haciendo), y las consecuencias están a la vista de la historia. Habrá que dejar de llamar a eso “alternativas políticas” mucho menos socialistas en algún momento, y quizás es este el momento.

No parece, pero estamos frente, más que nunca, al debate sobre la cuestión programática. ¿Por qué, los políticos de los hechos consumados, se niegan a ver lo que está pasando en Chile en este sentido? ¿Por qué “la izquierda” Argentina no valora en su justa medida un episodio tan cercano, como está sucediendo en Bolivia?

Hoy necesaria e indispensablemente, este debate se liga a un nuevo modelo de Socialismo Radical y sostenible para ofrecer a nuestro pueblo como una legítima salida demostrable, con un programa concreto que contenga los que ya forman parte, insuficientemente, de la lucha obrera y popular.

Las limitaciones del basismo sindical y economicista, que sostiene a los aduladores de los hechos consumados, nuevamente se ve en aprietos frente a quienes ofrecen una salida mucho más pragmática si de solo eso se trata. La burocracia gana y sigue ganando terreno en la clase también gracias a nuestras incapacidades de pensar en la causa y no solo en las consecuencias del atraso, y de no buscar respuestas también en las bases de nuestros debates programáticos fundamentales, hoy más que nunca, para el desarrollo de la conciencia y la independencia de clase.

Lo decimos con todas las letras, no basta con dialogar y empalmar con el atraso, hoy hace falta más que nunca elevar la vara del sacrificio para luchar por algo que valga la pena, algo más que superar un techo salarial o un subsidio a la economía popular, con las grandes diferencias del caso, y la variabilidad de las condiciones, es lo que se debate hoy en ciertos sectores de la clase obrera organizada en las huelgas de Francia, encabezada por sectores como ferroviarios que no son precisamente los más empobrecidos de toda la clase obrera y popular en ese estado, como lo fue ayer la clase obrera de sectores estratégicos en gestas como el Cordobazo y el Rosariazo, hoy ausente en las huelgas obreras argentinas.

Para finalizar, como logremos trasladar y bajar este debate a las bases, en el lenguaje de nuestro pueblo, es y será parte del arte de la política revolucionaria, para sintetizar y simplificar, es y será tarea de todos/as. Así será también la tarea de la unidad, superando cualquiera de estas diferencias que nos acompañan caminando y luchando, en nuestra clase, codo a codo contra el capital, para superar los hechos consumados, sobre la base de la audacia y la planificación de nuestra acción independiente.

Hoy, pensando en Lenin, un punteo reflexivo para Nuestra América




·         Lo que se predecía que iba a pasar, pasó y sigue pasando. Entre muchas otras cosas, el desastre político y dirigencial propiciado por las cúpulas del MAS boliviano, demuestra como día a día, con la crisis desatada en su interior por la antidemocrática maniobra caudillista (más peronista que nunca) de Evo Morales y los burócratas que lo rodean, se siguen apuntalando los señalamientos críticos de ese proyecto, que ya no carga sobre si mismo solo la responsabilidad compartida de haber llevado al conjunto de la clase obrera, popular y campesina e indígena a una derrota, aunque no definitiva, muy importante y con muertos/as, presos/as, heridos/as y exiliados/as, sino también continuar la negligente y contradictoria tarea de seguir cavando una fosa para el pueblo que pone el cuerpo, allí donde esa dirigencia no está.

·         El MAS boliviano, sus bases obreras, populares y campesinas, indígenas, son parte de nuestro pueblo, de nuestra clase, pero su proyecto y su deriva “estratégica”, cada vez más lejos del Socialismo y mucho menos del socialismo que traemos a debate, aquel que nada tiene que ver con lo que está pasando en Venezuela por ejemplo, hace pensar nuevamente en la necesidad de agudizar las críticas hacia esas dirigencias que poco o nada tienen que ver con nuestra clase ya.

·         Desde antes del golpe de estado contra el pueblo boliviano, es que esto se veía venir, desde antes que Evo llegara al poder, esto se veía venir, pero “la izquierda” latinoamericana en su gran amplitud apoyamos y acompañamos en su momento esos avances. Logramos con el tiempo ir haciendo señalamientos críticos, y hoy llegó la hora de hacer un duelo como corresponde, para evitar una nueva derrota, confusión y engaño para nuestros pueblos de forma definitiva.

·         Lo sucedido en los marcos del golpe en Bolivia, y de los nuevos genocidios puestos en marcha en nuestra américa, revitalizan y profundizan las crisis de estos proyectos no revolucionarios y no socialistas. Hasta los/as más desprevenidos/as ven como los titubeos de Evo, que hasta comete errores groseros permanentes como desdecirse de sus propias palabras (sobre las milicias populares y la resistencia a medio término) son perjudiciales y dejan sin perspectiva al pueblo.

·         Hasta los/as más desprevenidos/as ven que un nuevo gobierno del MAS no significa ninguna esperanza, no solo para terminar con la dictadura por “vía electoral”, cosa que está en duda y es hasta iluso pensarlo con el ejército en las calles, con la persecución y la represión brutal nacional y regional, sino que también se evidencia su insostenibilidad política que ha estallado por traidores y traidoras que blanquearon a la dictadura, que entregaron a la clase, que negociaron los muertos y ahora van a elecciones, se van apuntalado cada vez MAS por una burocracia que se cagó en la decisión de las mayoritarias bases indígenas y campesinas que votaron a Andrónico Rodríguez para encabezar la fórmula presidencial, con lo debatible del caso cuando hablan de ser el “ala radical” del MAS, pero en definitiva es una decisión democrática de un conjunto importante del pueblo que participa de esa organización y que fue pasada por encima por la burocracia verticalista del MAS, para llevar candidatos afines a las “clases medias”.  

·         No son menores estos hechos que hablan por sí solos, del espiral claudicante de este derrotero para estos proyectos de cúpulas que abandonaron al pueblo, para clarificar la idea de que nuestra clase en Bolivia necesita profundizar su ruptura con lo todo lo que la va a llevar a nuevas derrotas, y buscar la solidaridad en la confianza en sus fuerzas y en otros sectores obreros y populares, incluso internacionalistas, que estamos dispuestos/as a defender con la vida si fuese necesario, una resistencia revolucionaria por un proyecto socialista en Bolivia y toda NUESTRA AMÉRICA, como en Chile.

·         Nos despertamos de otro largo letargo sin caer en la cuenta que estamos rodeados por dictaduras con formatos mixtos y no se nos cae en cuenta que la cosa viene “en serio” nuevamente, por si acaso no era “seria” en los largos años de “democracia” de la dictadura de la burguesía. Las resistencias están dispersas, desorganizadas, débiles y todavía sin mayores nortes estratégicos, pero son las mismas experiencias con los aportes de lo que ya existía, las que irán dotando a nuestros pueblos de herramientas y elementos que permitan dar los saltos cualitativos y cuantitativos necesarios para aproximarnos a una situación revolucionaria, y con esta, al debate de un programa de gobierno obrero y popular, por un socialismo de carácter radical y humanista.

·         Ejércitos en las calles, y la “legalización” del genocidio como está sucediendo en Chile y Bolivia, como sucede hace décadas en Colombia, demanda seria responsabilidad crítica y autocrítica a la hora de pensar las resistencias y las ofensivas de nuestra clase por su desarrollo histórico. Necesitamos recuperar la conexión con una realidad que pide a gritos comprensión, de que en los marcos de nuestros capitalismos autóctonos y bajo las formas y métodos que se plantea la burguesía, las clases dominantes, para sortear las crisis, nuestro pueblo debe madurar nuevamente a las conclusiones que otros/as compañeros/as ya sacaron en su momento, con su propia experiencia: la organización debe ser semi clandestina y clandestina, y las formas de resistencia y ofensiva partirán necesariamente desde lo insurreccional y la utilización de todas las formas de lucha.

·         En la ofensiva y la defensiva, debemos preservar la vida de nuestra clase y la capacidad organizativa de la misma, es hasta una lección de supervivencia comprenderlo. La ruptura masiva con los resabios posmodernos y pacifistas se muestran a la orden del día y avanzan consecuentemente en un mundo que esta haciendo una nueva experiencia insurreccional, precaria aún en varias partes, pero insurreccional al fin.

·         Desde los chalecos amarillos en Francia a Chile, Ecuador y Bolivia, el Líbano, Irán, Irak, Argelia y otras experiencias, asoman las piedras, los palos, las molotovs, los lasers, las máscaras, asoma la proliferación inmediata de la creatividad obrera y popular, en el tercer mundo de oriente, África y Asia, con su larga tragedia de guerra permanente y de ejercicio militar, los/as jóvenes, desde el Kurdistán a Yemen, logran manejar a la perfección fusiles AK 47, es hoy, no ayer, esa es la situación “tan lejana” y tan cercana que vivimos.

·         El estado de revueltas populares mundiales no es definitivo, el capitalismo será la última fase de las sociedades divididas en clases en la historia de la humanidad, pero siempre ha demostrado capacidad de recomposición. El movimiento de fuerzas históricas demuestra situaciones parecidas a la de grandes revoluciones del siglo pasado, aunque no lo parezca. La correlación de esas fuerzas está en debate.

·         Aquí pensamos que, de la espontaneidad, esas fuerzas dudosamente rompan su techo y del culto a la desorganización y la desigualdad, la desidia y la pasividad en el plano de la confrontación con el enemigo, solo nos esperan derrotas y muy duras.

·         Pero, por otra parte, si logramos dar los saltos necesarios para rearticular la historia de nuestra clase, estamos ante una situación que nos puede abrir un nuevo marco de confrontación con el capital, en donde el trabajo, la clase obrera, de golpes históricos y quizás hasta definitivos.

·         Los periodos se acortan, las crisis acortan sus ciclos y la historia se vive con mayor intensidad y velocidad, con la misma velocidad que avanza la depredación capitalista sobre nuestra tierra.

·         Hace falta salirse estoicamente de esa posición de “marginalidad” donde pretenden ubicarnos quienes hoy, con “mayorías” circunstanciales, nos pregonan “lo caduco” de nuestras ideas, y retomar con valor la ofensiva política-ideológica y sobre todo práctica.

·         En nuestra américa salen los ejércitos a las calles nuevamente, y todas las fuerzas represivas genocidas del estado refuerzan sus trabajos, se fortalecen organizaciones para estatales y fascistas, el tercer mundo se equipara nuevamente en el desenvolvimiento de la represión a diversas escalas y hasta en los principales centros capitalistas “civilizados”, reina la dictadura del capital, con cárcel, con represión, con persecución, con muerte, con tortura, como sucede en el fascista estado español, en Francia, en Alemania, en Italia, en Grecia.   

·         ¿Adonde está lo caduco? La violencia como concepto histórico, como relaciones de poder, como potencia económica del capital, se pone a la orden del día con mayor visibilidad que nunca, las formas insurreccionales y la combinación de todas las formas de lucha también. Parece ser que los muertos son simbólicos y aumentan su umbral de tolerancia a medida transcurren los años, para las social democracias, para el liberalismo, para ciertas “izquierdas”, que corrieron sus límites proporcionalmente a sus principios y sus objetivos, nuestros/as muertos/as valen mierda, valemos mierda.

·         Si las luchas de nuestros tiempos, si son verdaderas, como los demostró la generación del Che, son a vencer o morir, pues entonces desde las luchas sindicales a las luchas insurreccionales, los programas deben crecer paralelamente sobre bases cada vez más profundas, bases que admitan superar “el basismo”, lo reivindicativo y lo corporativo, para pensar en transformaciones profundas, para pensar en el poder. Y ese debate, desde este lugar, lo acompañaremos sobre ese necesario balance propositivo, que parte de experiencias obreras y populares que deben ser debatidas profundamente a partir de su desvirtuación de los valores socialistas/comunistas, desde la experiencia soviética con sus aciertos y errores imperdonables, a las experiencias actuales que hablan de un Socialismo que no solo no vemos, sino que se erige sobre conceptos que nada tienen que ver con este, y una práctica que deja al desnudo la corroboración empírica de los hechos que proponemos.

·         Con fraternidad y respeto siempre, pero con la firmeza que amerita, el dialogo de nuestra clase debe avanzar, debe pasar a la ofensiva, debe saltar las barreras autoimpuestas por nosotros/as mismos/as en décadas de flagelos autoimpuestos e impuestos por reformistas y claudicadores de todo tipo que demostraron cuan lejos están las masas de sus pronósticos y de sus capacidades dirigenciales cuando la rebelión se pone a la orden del día.

·         Con madurez crítica, rompamos las corazas del dogmatismo y las premisas hechas para ilusos/as, al decir de Lenin: “Salvo el poder, todo es ilusión”. En esta guerra revolucionaria solo quedan dos caminos, ahora queda saber cual queremos para nuestra clase y las generaciones que vendrán. Depende de nosotros/as.

LA UNIDAD DE LA CLASE OBRERA NECESITA MÁS QUE GESTOS SIMBÓLICOS


El comunicado unitario firmado por diversas expresiones sindicales y políticas de Catalunya (CNT – CGT – COS – SO - IAC – CO.BAS), en solidaridad y unidad activa simbólica con el paro que se realizará este 30 de enero en Euskadi, llama a la reflexión y a la necesidad de intervenir activamente acompañando las movilizaciones y el debate en las bases.

Sin dudas que más allá del debate es un gesto a saludar, por referenciar iniciativa política pero además por plantearse, aunque sea en lo formal, la necesidad de la UNIDAD, es un paso adelante que se saluda con fervor, pero a la misma vez con necesidades críticas, fundamentadas y argumentadas en los hechos que se viven en la vida diaria de nuestra clase trabajadora, no solo en Catalunya, sino también en los marcos de la opresión y la explotación del estado español y las burguesías europeas de toda nacionalidad y tamaño sobre nuestros pueblos.

No son ni han sido voluntades unitarias las que a diario se muestran como impedimento de esta realidad que hoy se expresa solamente en un comunicado conjunto. Durante años ha reinado, en todos los sectores sindicales, el sectarismo, el divisionismo sindical, la lucha de aparatos, y la disputa confusa, desleal, tergiversada, manipulada y contra producente de las bases del movimiento obrero organizado, hoy de manera más que simbólica y de forma mayoritaria, en las centrales conducidas por una burocracia garantista de los peores avances contra nuestra clase, como sucede en UGT y CCOO.

En los marcos del estado español, y de la mayoría de los países de Europa, partimos de un hecho fundamental, y es una tasa de sindicalización aberrante, aquí de solo el 17% de nuestra clase que trabaja en situación formal esta sindicalizada, ya de por si tendríamos que tener en cuenta que la representación total de esta es aún menor, teniendo en cuenta el desarrollo de trabajos informales, tanto en el ámbito privado como también el estatal, bajo las formulaciones fraudulentas de la figura del “autónomo”, como así también las formas de supervivencia que se da la clase trabajadora en el cuentapropismo, el comercio informal, las cooperativas y otras formas de economía popular que además del subempleo formal, rozan y conviven con el alto índice de desocupación.

Esta desorganización y fragmentación de nuestra clase, también transita su crisis humana y organizativa no solo en la base del atraso de conciencia y de voluntad de lucha, sino también en el seno de lo que ya “está organizado”. Desde las organizaciones mayoritarias, hoy conducidas por la burocracia, a las organizaciones paralelas como lo son las centrales firmantes, la dispersión se transforma en el eje principal de nuestros problemas, aunque no siendo el único.

Desde las diversas “ópticas” políticas, con mayores o menores acuerdos, bajo diferencias que van desde “la cuestión nacional” a la conducción de los aparatos y las miradas “tácticas” y “estratégicas”, el divisionismo sindical fue la opción más a mano de las disidencias a la hora de encarar la construcción no de una, sino ya de innumerables centrales sindicales, algunas como la intersindical que ni siquiera figuran aquí.

No puede dejar de llamarnos la atención sobre la base de una tradición sindical histórica, como aquello que en la historia demostró ser errado (divisionismo sindical) hoy se repite con los mismos argumentos de la derrota.

La Unidad del movimiento obrero, trasciende el campo de las organizaciones políticas que participan como parte de nuestra clase, y es necesario retomar los debates sobre estos aspectos. La independencia de nuestra clase, la democracia obrera directa, no son mérito político de nadie, sino son condición indispensable para el desarrollo político de esta, sin la tutela de nadie.

Fue incluso en aquellos lugares donde no existían los sindicatos, donde las organizaciones políticas revolucionarias de diversas tradiciones las crearon, procurando su independencia y su democracia interna directa más allá de la identidad y la hegemonía pertinente de unos/as u otros obreros/as en su conducción sindical y política.

Esto hoy nos demanda comprender en qué situación, más allá de la evidente, nos encontramos para debatir algunas premisas no circunscriptas a ninguna de las corrientes que intervenimos en nuestra clase. No es patrimonio más que de la clase obrera identificar y definir sus formas organizativas en todos los planos que así lo determine.

En estas circunstancias vemos con alegría, pero a la vez con preocupación que esta referencialidad comienza poniendo el carro adelante del caballo, partiendo por la superestructura, por arriba, casi por desesperación a la situación defensiva y pasiva en la que nos encontramos, y de la mano de esto, realizando una convocatoria hecha a partir de la iniciativa de otros/as, bajo un vago y general cuadro de análisis y sin ninguna propuesta programática común.

Un acuerdo entre cúpulas, sea de la índole que sea, no reviste un carácter real de la UNIDAD, ni mucho menos representatividad, cuando lo que se demanda mínimamente en lo metodológico es recuperar la independencia de clase y la DEMOCRACIA DIRECTA.

Deberían ser las asambleas por fábrica, trabajo y sector, los congresos de delegados/as y delegadas de base, quienes deberían hace rato estar debatiendo estos gestos unitarios, no solo mediante comunicados, sino fundamentalmente en la lucha conjunta por abajo, en la lucha programática, que no está definida y que carece evidentemente de gestos humanos y fraternos en las bases, demostrados, lamentablemente, en más de una ocasión.

Tenemos muchos problemas, y ciertamente hay diferencias muy importantes a la hora de avanzar en este sentido, porque muchos/as compañeros/as nos siguen pidiendo que confiemos en las direcciones de las mismas burguesías que nos explotan y promueven alianzas “estratégicas” con estas, pero sin duda que una mirada independiente que supere, entre otras, las dicotomías “nacionales” que hoy dividen fuerzas en nuestra clase a favor de las burguesías de toda bandera, puede dar un salto cualitativo contra ese sectarismo y hegemonismo que reina en ciertas conducciones que nada tienen que envidiarles a las burocracias de CCOO y UGT, a la hora de olvidarse del emblema central de LA INDEPENDENCIA DE CLASE.

Ahora, como mencionábamos con anterioridad, la clase obrera y su representatividad TOTAL Y REAL, sobrepasa en primer lugar a estas expresiones del sindicalismo sectorial, empezando por las centrales mayoritarias, que también albergan a nuestra clase, a pesar de las diferencias políticas y metodológicas con sus dirigencias.

Es por todo esto que debemos preguntarnos en muchos sentidos, si además de superar la superestrucuralidad de “los acuerdos”, no debemos cuestionarnos también la cantidad de organizaciones sindicales paralelas que existen, no solo en el ámbito laboral, sino también territorial.

Es una muestra cabal de la fragmentación, que haya 1 o más sindicatos d’habitatge por barrio, al igual que una inmensa cantidad de fragmentadas asambleas feministas, y por encima de estas, instancias “unitarias” que apelan a unir por arriba lo que por abajo se demuestra fragmentado, como fue el congreso d’habitatge a fines del 2019. La falta de unidad y consenso, no se produce solo por acción del sistema, por nuestro atraso en la conciencia, sino también por mezquindades y prácticas totalmente refractarias a la unidad popular, a el humanismo y las relaciones fraternales y desinteresadas, transparentes.

Sin duda que uno de los puntos fundamentales para que esto llegue en algún momento a buen puerto, será la construcción necesaria, por la base, de un programa conjunto que supere las divisiones en todos los sentidos, incluso los organizativos.

Hay que dar el debate por unificar a las organizaciones sindicales, y permitir que en el desarrollo democrático de las mismas subsista la existencia de corrientes y agrupaciones de base internas, democráticas, que se tengan libertad de tendencia y agrupamiento, que participen en las elecciones sindicales libremente, respetando la amplitud política siempre dentro de los marcos de la democracia obrera, esto implica también a aquellas agrupaciones sindicales que nos guste o no representen a sectores como por ejemplo el PSOE. Hay que debatir en serio y profundamente que son y para que sirven los sindicatos, como así también que es y para que se construye la unidad amplia y democrática en nuestra clase.

La tendencia del divisionismo y la fragmentación sindical, hizo que en vez de organizarnos en clave histórica siguiéramos creando organizaciones sindicales con referencia más partidaria y política que sindical. Eso generó a la vez, anticuerpos reproducidos por el pensamiento reaccionario en nuestras filas, que confundió la independencia de clase con la censura al derecho de identidad política.

Ni podemos regalarle los sindicatos a la burocracia, ni podemos crear más paralelismo sindical, ni tampoco podemos dotar a los sindicatos de un programa de partido. Entre otras referencias organizativas necesarias para dinamitar la confusión y la fragmentación reinante, la necesidad del programa es la punta de lanza de todas estas.

Lo que cada uno/a tiene y tendrá para aportar al debate de los programas no puede negar la necesidad de la unidad sobre todos los puntos comunes que estos generen. Las diferencias entre las tendencias necesarias de la clase obrera en su interior se resuelven con el debate interno democrático directo, la toma de decisiones de las mayorías, y con la organización complementaria en otras escalas, como lo son las mismas unidades y frentes políticos que existen independiente y conjuntamente con los sindicatos.

La lucha y el debate que vienen dando algunas otras experiencias como la de Euskadi o la del sindicalismo combativo de Francia como ferroviarios y chalecos amarillos, demanda sobre la experiencia, incorporar a este frente único sindical las demandas programáticas del gran conjunto de nuestra clase, como las de las organizaciones por la vivienda, de las mujeres y disidencias, por la salud, por la educación, unificándolas en un mismo programa que se debata, en primer lugar, en las organizaciones obreras existentes de forma democráticas y directa, y que a la vez se genere la doble necesidad de unificar lo existente y de incorporar a esos nuevos esfuerzos organizativos a más del 80% de nuestra clase hoy desalentada, desmoralizada, escéptica de nuestros movimientos y nuestras expresiones, aún de estas que auspician unidad y consenso.

Un ferviente saludo a este paso y ojalá entre todos/as logremos darle sentido real y progresivo por abajo a las necesidades de nuestra clase obrera y popular.

·         Por la unidad sindical, obrera y popular más amplia, unifiquemos a nuestra clase en un solo frente con un programa que contenga todas las luchas

·         Independencia de clase y democracia directa de base

·         Por un sindicalismo clasista y combativo, elevemos el contenido político de los programas en la lucha por un gobierno obrero y popular

¿Qué es el antiimperialismo? A propósito del asesinato de Suleimani y los nuevos desajustes políticos de las posiciones internacionales de la izquierda




Ya bajó la espuma de la vorágine pseudo periodística en la que, a falta de análisis profundo y comprometido, nos estamos acostumbrando en el campo de la izquierda y las organizaciones obreras para interpretar e interpelar la realidad en su justa y compleja dimensión.

Acá estamos renegando nuevamente contra los absolutos construidos, aquellos que no pueden distinguir de forma criteriosa y crítica, anti-dogmática, las necesidades de ser justos/as con la realidad y no hacer lo contrario, ajustar la realidad a nuestros criterios de justeza política como nos tienen acostumbrados/as.

Nuevamente han salido a la carga enfoques perjudiciales para una construcción comprometida de las organizaciones obreras con las luchas internacionales de nuestros hermanos/as de clase, nuevamente reina la confusión y peor aún, la negación.

Ocultar verdades y realidades en nombre de ser criteriosos con “el enemigo principal” que es “el imperialismo”, es algo a lo que, desde una concepción radical, revolucionaria, humanista, comunista no podemos permitirnos.

Por eso la pregunta de hoy en relación a este hecho es ¿Que es el antiimperialismo? Y la respuesta no puede ser otra que la radicalidad, las raíces de la cuestión para quienes no puedan asociar estos términos.

No veo mucha oportunidad para complejizarnos el panorama, si partimos de entender un mismo concepto unificador en las categorías que nos proponemos utilizar para definir una realidad.

El imperialismo, desde una concepción marxista revolucionaria, radical, es la propagación expansiva de la internacionalización de las relaciones capitalistas, de explotación y de opresión mediante todas las formas posibles, ya sean mercantiles, armadas, políticas, etc. Estas pueden adquirir formas diversas, de bandera, estados/naciones, de acuerdo al corporativismo de intereses comunes que justifican dichas alianzas.

Encontrando sintonía con una concepción y entendimiento del capital en clave dialéctica, entendemos que esta expansión violenta del poder del capital en términos de POTENCIA ECONÓMICA, esta atada a leyes que se desarrollan independientemente de la voluntad de las personas por más protagonismo en uno u otro sentido que puedan desarrollar, tanto individuos como corporaciones internacionales de predominante peso mundial del capital, como se suelen llamar todavía trusts o monopolios, categorías que a la luz de 100 años de historia han sido casi descartadas por no superar empíricamente el valor científico de la realidad.

Para ser más claros, el imperialismo es la dictadura mundial del capital, y esta se desarrolla en los marcos de la competencia capitalista internacional de forma natural y necesaria, y hoy en día muchísimo más allá de la mera voluntad de sus actores protagónicos, de quienes suelen llamarse vulgarmente “los dueños del mundo”, “los formadores de precios”, “el capital financiero internacional”, etc.

Por lo tanto, si profundizamos en la razón de ser del capital y su propia dinámica nos vamos a encontrar con contradicciones específicas y generales, tanto en el desarrollo del capital internacional en términos imperialistas, como en aquellos procesos de “resistencia” que suelen llamarse “antiimperialistas”.

El imperialismo es el capital en expansión, y en su actual desarrollo, bajo cualquiera de sus banderas actuales, predominantemente yanquis y chinas, sigue desplegando todas sus formas de avance en el mundo para desarrollar la circulación de mercancías y la competencia mundial. La circunstancia de predominantes poderíos bajo formas de estados/nación (o ejércitos internacionales) que concretan la concentración de plusvalía, o el mayor bote de esta, son el resultado de las necesidades imperialistas del propio capital en expansión.

Conquistar con genocidios parciales, permanentes, ocasionales, intermitentes, nuevas tierras del mundo, nuevos mercados, bajo formas de competencia “desleal” para utilizar los amigables términos del enemigo, es la única forma que encuentra el capital para seguir desparramando lodo y sangre en el mundo, para seguir ganando “ventajas competitivas” en el desarrollo anárquico-barbárico de la competencia capitalista mundial.

¿Loquitos? ¿desequilibrados? ¿dueños del mundo que manejan precios, ejércitos y aprietan botones para cambiar lo que desean de forma automática? La realidad parece ser un poquito más compleja y no resiste ni el más mínimo criterio de seriedad debatir sobre bases tan endebles, metafísicas, propias del atraso en el que nos encontramos las organizaciones obreras para analizar la realidad.

Ni en la más banal de las ficciones una movida de ajedrez, por más pequeña que sea, representa una desconexión dialéctica de la burguesía mundial con la realidad, todo lo contrario, conocen en su conjunto, y más allá de sus voluntades, la necesidad de la planificación y la medición de riesgos, políticos y empresariales, de “mercado”, “fiscales”, “jurídicos”, como pocos se imaginan.

Pensar que existen tendencias suicidas en los márgenes del capital, es tan ficticio como pensar que Trump es un exponente diversificado, disonante, extraordinario del conjunto de la burguesía internacional, la cual, entre otras tiene sede en Bruselas, no solo en Washington y Beijing.

Desde lo concreto y lo tácito, de lo empírico a lo abstracto, no se puede entender el desarrollo del imperialismo, en este caso de predominancia norte americana, sin la alianza local e internacional de las burguesías “nacionales”, autóctonas de cada país y de cada región. Sino queda pensar que ni siquiera hay registro de análisis concreto de la realidad no solo al revisar los “países” (burguesías /estados) que conforman tratados como la OTAN, sino que además de forma unificada tienen, poseen y posibilitan tropas, armamento, bases, territorio, operaciones, logística, información, etc. Pero más allá del fetichismo de “lo militar”, hablamos DEL CAPITAL, que es lo que predomina e importa en esta ecuación.

El capital que avanza mediante las compañías/estados (capital) que financian la guerra, que son los que desembarcan con capital constante en esas tierras o directamente con la garantías del establecimientos de condiciones comerciales óptimas (ejércitos de ocupación, financiamientos electorales, compra de voluntades, negocios comunes, etc.) para el desarrollo productivo, de comercialización de sus mercancías en el marco del comercio mundial, son la cara no visible (como el mismo fetichismo de la mercancía) de los mercenarios a sueldo y de la tecnología genocida que acecha nuestros movimientos en nuestros territorios, más cuando se establecen ciertas “pautas mínimas” de “soberanía”, como es el caso de varios países del tercer mundo como Irán.

Pero no siempre se necesita de “lo militar” y además no dan los números para sostener tantos frentes abiertos, por eso nació la OTAN, por eso nació la UE, por eso nacen las organizaciones internacionales del capital que, valga la paradoja, lo único que organizan es la anarquía capitalista internacional.

El dato principal de todo esto, en Irán, tiene una clave que se llama National Iranian Oil Company, conjuntamente con la “apertura” de mercados, incluso mediante productos no derivados del petróleo, del régimen sostenido por la burguesía iraní en oriente y Asia, y mediante el comercio con sus principales socios: la burguesía imperialista china.

En el marco de la mal llamada “guerra comercial” entre china y EEUU, Irán juega un papel central en una zona estratégica para el mundo, de la cual no solo tiene que ver el fetiche hidrocarburífero, sino que se juega el sostenimiento de una cantidad enorme de mercados donde predominan las relaciones bilaterales con el gigante asiático. Simplificando, predominan las “ventajas competitivas” de las exportaciones/importaciones chinas por sobre las americanas, la circulación de mercancías con plusvalías acumuladas predominantemente en manos de los capitalistas chinos y sus socios corporativos internacionales.

Las maniobras de todo tipo, incluyendo las militares de alto impacto mediático y social en el sentido común dominante, son parte de una GUERRA DE PRECIOS natural para el desarrollo del capital. La guerra en todas sus formas y la barbarie y el genocidio son moneda corriente de la historia para el avance de las clases dominantes y son PRESENTE NO FUTURO.

Vivimos en guerra y ya vivimos en la barbarie, solo que el sentido común y en el atraso que significa considerar un hecho como el asesinato de Suleimani como una agresión imperialista aislada y desencajada, desproporcionada, e incluso, para algunos sectores de “izquierda”, siendo la fuente de una “resistencia antiimperialista ejemplar”, no reviste dimensión del desarme político e ideológico al que se acude por migajas de la historia.

Para las burguesías autóctonas, blancas, racistas, imperialistas, europeas y norte americanas fundamentalmente, hay guerra y barbarie, y es mundial cuando es en sus propios territorios centrales, porque el mundo donde nunca termina la guerra, ese tercer mundo de disputa caliente en el sur lejos de los fríos parlamentos norteños, nos impregna de desencuentro, de confusión, de negación a los pueblos que ostentan defender ideologías y análisis provistos por las clases dominantes y traficantes de ideologías entre clases antagónicas.

Esta serie de desencuentros, de distorsión de la realidad, de falta de memoria, precisión y comprensión profunda de las razones del capital, ha posibilitado este avance dañino y certero también sobre las categorías y los análisis de nuestras organizaciones obreras y de la izquierda en general con correlato en las posiciones internacionales.


No se puede debatir el antiimperialismo sin el anticapitalismo y la vocación por avanzar en una sociedad socialista/comunista.


No se puede debatir el antiimperialismo, cuando en nombre de este se defiende a un general asesino y genocida como Suleimani, servidores de una burguesía, de un régimen dictatorial como el iraní, como el de siria, como el de Turquía, como el de Arabia Saudí, como el de Israel y como el norteamericano por supuesto.

Solo en noviembre de 2019, en las manifestaciones de trabajadores/as y sectores populares contra los aumentos tarifarios sobre todo en las naftas, el régimen iraní del cual formaba parte indispensable Suleimani, asesinó a 140 personas en las protestas y hubo alrededor de 7000 detenidos/as, en una de las movilizaciones más importantes en décadas.

Las masivas protestas fueron aprovechadas también por el ni lerdo ni perezoso imperio norte americano y sus aliados para incentivar el financiamiento de grupos de choque interno, servicios de inteligencia, sembrar la confusión, los operativos de falsa bandera, y demás consideraciones operativas que generen la desestabilización de una burguesía/burocracia teocrática dictatorial y genocida, como es la forma predominante de gobiernos regionales en oriente y el norte de áfrica, una dirección empresarial/estatal/militar corrupta vinculada fundamentalmente a los negocios público-privados de las riquezas primarias de la tierra persa, eso sí, con “autonomía” contraria a los intereses del bloque yankee y sus aliados, con las complejidades propias del territorio, las etnias, colectividades religiosas, etc.

¿Casualidad? No. Es parte de métodos históricos, de desarrollos históricos “normales” de los boicots auspiciados por el imperialismo, por los imperialismos, para conquistar nuevos territorios, nuevos mercados, nuevas circunstancias de competitividad, nuevas circulaciones de mercancías, etc. En algún lugar del mundo tienen que caer los precios, fundamentalmente de mercancías primarias, indispensables para la productividad mundial a partir de cualquier gesto “desleal” de la competencia capitalista barbárica. Modus operandis calcados se aplican en América Latina y algunas veces funcionan como acaba de pasar en Bolivia, algunas veces no como sucede en Venezuela, algunas veces ni hace falta, como en la mayoría de los países donde la “diplomacia” controla las relaciones capitalistas internacionales a favor de unos u otros.

Desde antes de los bombardeos en Siria, ha habido y habrá posicionamientos vergonzantes a partir de la debilidad manifiesta de nuestras organizaciones obreras en un sentido revolucionario, por eso no extrañan los absolutos a la hora de analizar la situación en oriente hoy fundamentalmente, y particularmente en Irán.

Como no recordar a la intelectualidad blanca de la pequeña burguesía privilegiada defender los bombardeos norte americanos en Irak, en Libia y en Siria porque regímenes como estos, como el de Al Assad, son dictatoriales y genocidas, cosa que no cabe duda, pero menos duda cabe del genocida mayor, padre de los genocidios, el capital y su mejor alumno actual, el bloque burgués internacional de dirección norte americana y su ejército mercenario de máquinas asesinas e inhumanas como son los marines yankees.

Claro que en el mundo hay burguesías y burguesías, todas son explotadoras y opresoras, pero algunas no tienen el poderío ni la voluntad de incursionar en el expansionismo territorial como la dirección norte americana, el sionismo israelí o el neo-otomanismo turco, incluso el deshilachado y atrasado expansionismo españolista/borbón (todos fascistas), otras sí, pero siempre bajo los dictámenes de fuerzas que sobrepasan la voluntad de quienes parecen “dirigir el mundo”.

El capital, ha mutado expansivamente de tal forma que ni las almas más cándidas podrían resistir la presión de su desarrollo por desastrosas que parezcan las consecuencias, pero es que eso no lo deciden las personas, y desde que Marx lo advirtiera pensando en ese monstruo que creamos los humanos y que se nos volvió contra nosotros/as, este ha demostrado independencia absoluta en pos de lograr la producción y reproducción de las fuerzas productivas, del valor y de la ejecución múltiple y diversa de consensos opresores, incluso revestidos bajo chovinismos nacionales e internacionales.

Las consecuencias de intentar relacionar antiimperialismo a burguesías “nacionales”, peor aún, burguesías autóctonas genocidas y teocráticas como la Iraní, por más autonomía que demuestren a la hora de aventajarse de una porción de la plusvalía mundial, está a la vista en esta nueva década del 2020, con una debilidad profusa en las fuerzas populares y obreras.

Con mayores y menores niveles de complejidades y diferencias, esta tesis se expande al poco preciso balance de las experiencias “antiimperialistas” latinoamericanas del siglo XX, al mal llamado “socialismo del siglo XXI”, y como referenciábamos con anterioridad, a la lucha desigual, compleja y combinada de grupos político-militares ligados a diversos intereses del capital en américa latina, oriente, asia y áfrica, como sucede dentro de las diversas ramas teocráticas del islamismo, pero a la misma vez, donde coexisten grupos obreros y populares, de genuina tradición representativa en nuestra clase, donde no sin contradicciones se intentó e intenta avanzar en la construcción de una radicalidad que cuestione las bases mismas del capital como es el ejemplo del PKK y las guerrillas poli-étnicas del Kurdistán revolucionario.

Claro, tampoco puedo olvidar por estas horas, como esas mismas “izquierdas” pegaron otros bandazos hacia la derecha cuando defendiendo a regímenes como el de Al Assad o Muamar al Gadafi, se dedicaron y dedican a criticar con ferocidad al PKK y a la experiencia de Rojava como lo han hecho “analistas” internacionales en el periódico canarias-semanal.

Entendemos que es fácil perderse ante semejantes complejidades que conviven en oriente, pero también lo hace la “izquierda” europea con américa latina. Eso sí, lo que les es común es evidenciable y comprobable en clave estratégica, y no puede ser más coincidente a la hora de hablar de Socialismo y lo que eso significa, a la hora de hablar de antiimperialismo y anticapitalismo y lo que realmente eso significa.

Llega nuevamente la hora de plantearnos necesidades comunes, y no puede dejar de ser prioridad la óptica que vertimos sobre los acontecimientos mundiales, aunque los pensemos lejanos, o mejor dicho, nos los hagan aparecer lejanos, a la luz de olvidar los centros efectivos del genocidio mundial que vivimos día a día, hora a hora de barbarie.

Es muy importante, en el necesario camino de Re prestigiar los conceptos de antiimperialismo, anticapitalismo, Socialismo/Comunismo arrebatados por nuestros enemigos y traidores a nuestra clase, definir con seriedad, precisión y profundidad las realidades que vivimos la clase obrera mundial, aunque parezca complejo y lejano, y subestimado. Nunca la realidad de un hermanos/a de nuestra clase, sea el lugar del mundo donde se encuentre, puede significar un desorden de prioridades.

En lo material, la discusión se acentúa sobre grietas aún más profundas con el absolutismo categorial, con los negadores pragmáticos, con el dogmatismo obsecuente.

Desde el Kurdistán, experiencia que convive con tensiones y diferencias que no nos son ajenas, fundamentalmente a partir de su “nueva” comprensión estratégica del “confederalismo democrático”, su difícil convivencia étnica interna y la clandestinidad que lo complica, sus condiciones nada ajenas a la guerra más cruda y despiadada contra un pueblo sin tierra, y cuestiones como el “autonomismo” algo ya vivido en las discusiones de los años 90 con el EZLN mexicano, se está haciendo hoy referencia a estas contradicciones bajo la vista gorda de la obsecuencia incoherente y cómplice de cuestiones que nadan tienen que ver con la revolución y el socialismo.

Desde el éxodo de Rojava y Afrín al cerco sobre el norte de Siria, las milicias kurdas con sus debates y todos sus problemas y contradicciones, hacen llegar en estos días las miradas críticas hacia Venezuela una vez más por su alianza con Turquía genocida, esa misma consideración que debería cuestionarse hace años la diplomacia de nuestros hermanos/as cubanos/as cuando reciben al Rey de España en vez de solidarizase con la independencia y la liberación de los pueblos oprimidos por ese mismo estado fascista encarnado en Felipe VI, como sucede con Evo Morales en estos días saludando la investidura de Sánchez y criticando al independentismo catalán, solo por mencionar pequeños hechos, pero significantes trayectorias de décadas de abandono progresivo del antiimperialismo consecuente en una lucha internacionalista contra el capital, contra la ley del valor, contra los estados burgueses expansionistas genocidas chovinistas, contra el financiamiento del mercenarismo genocida mundial, diversificado en multicoloridas organizaciones criminales paraestatales y financiadas por el departamento de estado norteamericano, la CIA, la USAID, y los diversos fondos contribuyentes internacionales de ONG’s, partidos y gobiernos “autóctonos”, aliados a los grandes negocios y al principal y único objetivo de nuestros enemigos: la lucha contra el peor de los enemigos de los imperios o su posible resurgimiento: EL COMUNISMO.

Toda esta mención al sin fin de contradicciones surgidas a partir del posicionamiento extraordinario con respecto al general Suleimani, no pueden desviar el foco de lo sustancial que se esconde en la radicalidad, en las raíces de la confusión, que algunas veces puede ser casi por falta de información y lo entendemos, pero no lo hacemos con quienes irresponsablemente oculten la totalidad de lo que se juega en cada territorio de un mundo bajo dominio del capital internacional, donde los/as hermanos/as persas no quedan exentos de una lucha contra la misma casta genocida que, bajo preceptos que pueden parecer tan medievales como la existencia de un califa, líder supremo o un rey, siguen apartando a la clase obrera, popular y campesina de Irán de sus objetivos propios.

No hay excusas multiculturales, étnicas y religiosas que puedan sostener la invariabilidad de una defensa acrítica del derecho a los pueblos a la defensa de su soberanía bajo todas las formas de lucha, que es principalmente por su autodeterminación, pero a la misma vez contra el capital, contra sus burguesías/clases dominantes autóctonas.

El ejemplo del Kurdistán, también nos sirve para desenmascarar las excusas étnico-religiosas que se muestran “divisorias de la clase”, como lo fue en América Latina y el mundo “occidental”, la incorporación a la teoría revolucionaria, respetuosa y anti-dogmática, de concepciones como la teología de la liberación, de raíz fundamentalmente cristiano-revolucionaria.

Los “empantanamientos” de las formas militares predominantes de los imperios, fundamentalmente del norte americano hoy, no son los “uno, dos, tres Vietnams” de ayer. Sin duda que la materialidad concreta, subjetiva y objetiva de gozar de la división y la disputa de nuestros enemigos, abre brechas en todos los planos, incluso el militar, pero quien crea que la apertura de nuevos focos de guerra para la OTAN es de valor estratégico SIEMPRE, se equivoca con vocación de reformista. Cuando se pierde el foco de la correlación de fuerzas mundial y de los objetivos principales de la independencia de nuestra clase en su lucha contra el capital, cualquier pedo huele a menta.

La “multipolaridad” que defiende “el antiimperialismo” de copetín, de los neo-reformismos, neo-etapismos contemporáneos, son el caballo de troya en nuestras filas de hoy bajo diversos y múltiples aspectos conceptuales, políticos, humanos, que llama tanto la atención como se presentan distantes a pesar de sus coincidencias.

No puede dejar de llamar la atención que el eje BRICS se presente como una alternativa “progresista” solo por representar una alianza de capitales extranjeros con intereses comunes, pero igual de ajenos a los de nuestros pueblos. Y en ese sentido de análisis aparecen nuevas artimañas “diplomáticas” y políticas que buscan seguir alimentando ese eje cada vez más caduco y debilitado, por ejemplo, el eje de “Puebla” con López Obrador, Alberto Fernández, Mujica y Marco Enríquez Ominami (personaje nefasto si lo hay).

Gendarmes malos y gendarmes buenos, pero gendarmes al fin, gobiernan la “multipolaridad” imperialista hoy del capital expansivo internacional, con represiones internas, con masacres internas, con explotación y opresión interna, no dejan de ser furgón de cola o locomotora en un mismo tren que solo transporta mercancías y abre rutas a la baja de precios en la competencia internacional, en donde cada vagón cumple su función para el caso.

Resta saber si podremos construir organización obrera realmente antiimperialista, anticapitalista, por el socialismo y el comunismo en cada uno de nuestros territorios y colaborando en todos aquellos que se levanten en rebelión con los mismos objetivos. Dispuestos/as a abrir nuevamente la cabeza de nuestras vanguardias a vivir la realidad con compromiso e interpretarla con valor, haciendo los duelos necesarios correspondientes como lo han sido y son las experiencias populares de Bolivia, Venezuela, Cuba, El Salvador, Nicaragua en este siglo fundamentalmente, como parte de una autocrítica y profundización conceptual, humana, política, cultural del debate del Socialismo hoy, de las fuerzas revolucionarias hoy.

Sin duda que el camino, de forma fraternal y compañera, con humildad y respeto, estará más cerca de un debate sin absolutos que sepa interpretar en su justa medida los hechos sin buscar atajos con oportunismos ocasionales y descomprometidos, porque la negligencia de nuestras vanguardias obreras siempre en algún momento se paga caro en la historia, sobre todo bajo la falta de empatía con nuestra clase en todas partes bajo la supeditación “estratégica” inexistente hoy, anti empírica hoy, a la que nos acostumbra la fraseología neo stalinista que encuentra siempre enemigos “más importantes” para combatir antes que mirar al costado, promoviendo nuevos desencuentros en nuestra clase y dividiéndola en ejes inauditos como la “funcionalidad a la derecha y el imperio” y otros cuentos tan antiguos como el reformismo y la claudicación.

Ser antiimperialista hoy y siempre será lucha a muerte contra la dictadura internacional del capital, sin distinciones de banderas y territorios, entregando la vida donde sea necesario por el objetivo más hermoso de la historia de la humanidad que será construir la sociedad sin clases, sin ley del valor, sin capital, como lo hizo el Che y tantos/as otros: El Socialismo/Comunismo Humanista y Radical.

Los “infiltrados” y el subjetivismo pequeño burgués




La defensiva ideológica contra la que venimos luchando hace décadas, en las calles de América Latina, viene dando muestras de resultados concretos, auspiciosos e importantes.

Luchamos contra los relatos, los conceptos, las miradas y las interpretaciones que, ajenas a la realidad concreta y subjetiva de nuestra clase obrera y popular, nos intentan desarmar humana, moral, política y físicamente ante el monopolio de la violencia integral ejercida por el estado en su conjunto y por las clases dominantes que lo instrumentan.

La “nueva” moda posmoderna y millenial de la socialdemocracia, de la pequeña burguesía liberal y pacifista en la que ciertos sectores de “izquierda” suelen caer, implica hace años, un subjetivismo ajeno a nuestra clase, articulado por falsos relatos “antropológicos” de los encuestadores sociológicos del “campo popular”.

Y es que las redes sociales como evolución cotidiana virtual del consenso opresor, como evolución de la construcción de relatos sobre el estado de “conciencia de las masas”, como evolución de los históricos medios de incomunicación al servicio de las clases dominantes, plantean un nuevo escenario poco estudiado desde una perspectiva de clase, desde una perspectiva revolucionaria.

La social democracia, la pequeña burguesía y ciertos sectores de “la izquierda”, plantean reparos ante el relato histórico armado por el enemigo para reparar en faltas y justificar cualquier tipo de represión. Algo que el estado al servicio de las clases dominantes hace o intenta hacer desde que existe el estado, con más o menos credibilidad, con más o menos consenso, con mayor o menor proporcionalidad represiva.

Estos sectores pasaron de negar la existencia del poder, no solo como una relación social, sino como una relación física, concreta y científica, y de aquí pasaron a negar básicamente la lucha de clases en su sentido puro y concreto, haciendo año a año cuentas cada vez más extrañas alrededor de una serie de premisas subjetivas, antropológicas y sociológicas que anidaron lo que hoy llamamos el consenso opresor, dentro del cual se encuentra el falso consenso de la “protesta pacífica” y el “rechazo a la violencia”.

El enemigo ni lerdo ni perezoso, siempre ha utilizado en la historia las maniobras de confusión, de persuasión y de distracción para dividir las filas obreras. Desde grupos de choque y rompe huelgas, a operaciones de falsa bandera e infiltrados/as, servicios de inteligencia, contra inteligencia, etc.

Los métodos del enemigo son variados y cada vez mejores, sobre todo en términos de consenso opresor, pero lo que es cada vez más variado y patético son las premisas “subjetivistas” de la social democracia y la pequeña burguesía en su intento de no desdibujarse delimitadamente de su posición social y de la direccionalidad de su posición de clase.

Los infiltrados, agentes de las fuerzas de seguridad realizando tareas de inteligencia, provocación, falsa bandera, y arrestos de civil en nuestras filas, siempre ha existido. Lo que antes, hace apenas unas décadas, no se veía en nuestras filas eran los niveles de desorganización, de debilidad ideológica y de confluencia policlasista sin independencia de clase producto también de estas premisas.

Los sentidos políticos y programáticos de demandas tan laxas, por ejemplo, como el “No a la megaminería contaminante”, son una gran explicación de la amplitud de masas en un sentido transversal, de clase, y está más allá de cualquier voluntad delimitativa en abstracto, eso está claro.

Lo que no está claro es lo concreto: como los sectores obreros y populares, que nada tienen que ver con esos patrones de estancia, con esa chetada macrista y kirchnerista vergonzante, con esos mismos que piden mano dura y reforma laboral, con esa pequeña burguesía “a-política” que se moviliza solo por reclamos como estos, con ese “hipismo” pacifista pequeño burgués con osde con aires horticultores orgánicos totalmente descomprometido con cualquier causa obrera y popular, entre otros, podemos intentar por lo menos ver como necesidad, como podemos tomar distancia en términos programáticos, y por consecuencia en términos metodológicos y organizativos.

En primer lugar, para ir clarificando, que haya infiltrados en las filas populares es fundamentalmente un problema nuestro, de clase, es el reflejo de una serie muy profunda de debates ideológicos y políticos, y es parte del atraso en la conciencia, en las bases de nuestra clase, de nuestro pueblo en general y de las organizaciones obreras en particular, entre ellas las de “la izquierda”.

No podemos pedir hoy ese nivel de organización a ciertos sectores, si el atraso y la confusión nos está poniendo en la vereda del frente al debatir algo tan básico como el carácter policlasista de la calle y la legitimidad de los métodos organizativos y de lucha de nuestra clase. Es un reflejo de lo que está pasando en la Argentina también a partir del hecho electoral y la división y la fragmentación permanente de nuestra clase. No podemos dejar de lado todos estos elementos.

Eso no quiere decir, que desde un sector de la clase obrera no encaremos con responsabilidad histórica, aún siendo minoría y quedando “virtualmente” aislados/as en nuestra posición, la necesidad de ser consecuentes y seguir trabajando con tacto humano y político la necesidad de elevar la conciencia en todos los niveles, más aún con escenarios políticos, de lucha, de masas tan propicios para esto y tan escasos en nuestra realidad cotidiana.

Los falsos subjetivismos socialdemócratas de la pequeña burguesía, apelando al pacifismo por “falta de consenso” es algo a combatir por todos los medios, en primer lugar, el de la independencia de clase.

Independencia de clase significa INDEPENDENCIA, esto tiene que quedar muy claro en todos los términos de la palabra: independencia ideológica, organizativa, metodológica, orgánica, etc. Sin esto claro, es imposible comenzar por la legitimación convencida, científica y necesaria de nuestras luchas que demandan coherencia y precisión política.

Nos hemos cansado de repetir que nuestra clase no solo no es ajena a la violencia todos los días de su vida, contra la yuta, contra los femicidas, con los narcos, contra los patrones, sino que además no la rechaza en el falso sentido que buscan hacernos creer desde las esferas antropológicas falsamente subjetivistas de la pequeña burguesía.

Las construcciones de consensos opresores virtuales, no son el necesario reflejo de una realidad que, sobre todo ante hechos de lucha y de masas, no escatima en reaccionar frente a una realidad concreta, con lo que en definitiva nos termina unificando: la identidad y la empatía de clase.

Por eso quiero tomar el ejemplo de la lucha “por el agua” en Mendoza para clarificar algunos aspectos de este debate:

·         Infiltrados siempre los hubo y los habrá, es un problema que tenemos que resolver en el seno de nuestras organizaciones obreras y populares, en el marco de una madurez humana, política, ideológica, organizativa y metodológica. El hecho de no poder combatir con efectividad directa y violenta a las fuerzas represivas del estado en nuestras filas no implica salir a levantar el discurso contrarevolucionario de la pequeña burguesía.

·         La violencia es legítima y necesaria como hecho político coordinado, organizado, medido y responsable, desde una óptica obrera y popular, en el marco de las luchas de masas y de la huelga como métodos fundamentales, a pesar de los infiltrados.

·         En el marco del accionar de los infiltrados, hay legítimas expresiones de la violencia popular que, por ingenuidad, inexperiencia o simplemente por el legítimo sentimiento de bronca personal con el estado de las cosas, actúa. También habemos sectores obreros y populares mínimamente organizados que lo hacemos con convicción, pero con insuficiente organización no solo para reprimir a los verdaderos infiltrados, sino para organizar en un sentido de efectividad y responsabilidad a la primera línea, para proteger a los/as compañeros/as y para proteger el hecho político.

·         Los hechos insurreccionales, como continuidad de la política por otros medios, son la premisa de las condiciones de lucha actuales no del siglo XXI, sino de la recuperación histórica por experiencia empírica, científica, social, humana de los métodos de lucha contra el capital en las condiciones de la estructuración SUBJETIVA, OBJETIVA Y CONCRETA del capitalismo, en este caso el Argentino, incapaz de dar soluciones estructurales y profundas bajo la misma matriz de desarrollo productivo concentrado, desigual y saqueador.


Si sacamos una pequeña radiografía, en el caso del movimiento social en Mendoza que se manifestó ayer en las calles, y que lo viene haciendo hace años, también en lo que ha sido la conformación de asambleas “por el agua” amplias y heterogéneas en un sentido policlasista, tendremos una noción práctica y concreta de lo que estamos hablando.

Pequeños productores rurales, chacareros, prestadores turísticos, comerciantes y profesionales en sus camionetas y lindos autos, la pequeña y mediana burguesía, a la par de obreros/as, laburantes, jóvenes, estudiantes, jubilados/as, pibes/as de los barrios populares, marcan la agenda de un fracaso cuando el primero define prioridades sobre el segundo. No solo por intereses concretos de clase contrapuestos, sino además por las consideraciones organizativas históricas que llevan no solo desde lo subjetivo, sino también desde lo concreto, a enfrentarse por la disputa metodológica e interpretativa de los hechos.

Todos/as lo sabemos, más con las particularidades idiosincrásicas/subjetivas/culturales propias de los cuyanos, de los pueblos chicos, pero todavía carecemos del valor para marcar la cancha con actitud clasista y audaz, porque confiamos más en el relato de la pequeña burguesía vergonzante, tibia y mediocre, que en la capacidad de nuestra clase para identificar su pertenencia social.

Sabemos que son escenarios complejos, y que las particularidades influyen, pero no podemos perder de vista jamás las premisas subjetivas/objetivas REALES de nuestra clase, para eso necesitamos salir a la cancha, como siempre, con ofensiva ideológica, programática y propositividad organizativa con independencia de clase, buscando con mucho tacto humano y político no atomizar las bases, pero si unificar por abajo lo que por arriba es imposible juntar y demarcar el terreno de las demandas sociales, de clase, que nos unifican por fuera del auspicio patronal.

Cuando confluyen intereses con sectores de las clases subalternas, sobre todo al ver a la” clase media” movilizada, hay una especie de “éxtasis” en la social democracia, en la pequeña burguesía y en ciertos sectores de “la izquierda”, que se transmite en línea directa con laxitud y consenso defensivo con lo más atrasado de esta para mantener “la masividad” de la protesta. Lo mismo ocurre con movimientos policlasistas de masas como el feminismo. Este es un problema serio, que necesita de nuestra parte intervención en la movilización, en la organización y en el debate de manera urgente.

No son los problemas del peón rural, el viñatero y el cosechador los mismos del dueño/a de los campos, no son los mismos problemas los de los/as prestadores/as turísticos de Mendoza los mismos de los/as jóvenes asalariados/as precarizados/as que trabajan todo el día al rayo del sol vendiendo excursiones, no son los mismos los problemas de los empresarios y comerciantes de Mendoza que los de los/as empleados/as, asalariados/as que trabajan a destajo para estos/as, no son los mismos los problemas de los pibes y las pibas de las barriadas populares, de las villas de Mendoza, que la de los chetos universitarios y los/as hipies con osde que vemos en solo en las movilizaciones del agua y en todo caso las de “ni una menos”, en síntesis, no son lo mismo, no somos lo mismo, no nos da lo mismo, no sufrimos lo mismo, no luchamos por lo mismo, y con respecto al agua específicamente, seguramente, como pasó y pasa en San Juan, no nos va a afectar de la misma manera la contaminación de esta, porque los que pueden, porque los ricos y los no tan ricos pero que les alcanza, siempre podrán en todo caso salvarse de esta y de muchas otras, los condenados por negación del capital no.

Son las históricas limitaciones de clase con el “movimiento ambientalista”, desde el capitalismo “verde” de la burguesía y la pequeña burguesía, al consumo responsable y el reciclado orgánico y “consciente”, siempre por sobre el único sacrificio humano de los pobres.

En un mundo donde el 72% de los gases invernadero lo generan solo 100 empresas, es necesario más que nunca cuestionarse nuestro papel como clase en todo esto: si por simetría los responsables son los patrones, con los patrones no podemos no solo pensar en ganar una lucha de masas, sino que no podemos pensar en congeniar organizaciones y métodos.

Si la clase obrera y popular de Mendoza, además de cuestionar con la acción, con la coherencia y el ejemplo el monopolio de la violencia de un estado al servicio de las clases dominantes, hoy reflejadas en el negocio minero, pone en cuestión el método fundamental para lograr frenar esto que es la huelga, el paro, el corte de ruta para frenar la producción, la reproducción y la circulación del capital, encontrará a una pequeña parte de esa “masa” mendocina replegada en sus intereses concretos, ajenos a los nuestros, nuevamente criticando nuestros métodos, nuevamente criticando nuestra experiencia que contiene en si misma el riesgo de crecer en conciencia, crecer en cuestionar sus ganancias, sus privilegios, su propiedad sobre nuestro trabajo y sobre los medios para crear riqueza.

Si el atraso “marca la agenda”, marquemos la ofensiva necesaria para combatirlo con la única verdad, con la realidad.
A los/as laburantes y a nuestros/as hijos/as y nietos/as no solo se nos va y se nos irá la vida sin el agua, se nos va y se nos seguirá yendo con este orden social y económico perverso, opresivo, explotador y represivo.

Por último, que no se nos olvide, para que la pequeña burguesía no siga calando profundo con eufemismos diversos y distractivos (destructivos) sobre nuestro enemigo principal al llamarlo “neoliberalismo”, “FMI”, “amigos de Macri”, “mineras saqueadoras” y “traidores y vendidos/as”, RECORDEMOS: el único enemigo ES EL CAPITAL, lo demás es verso.

·         ¡Impulsemos las comisiones obreras y populares por el agua y el trabajo, con delimitación de clase!
·         ¡impulsemos organicidad independiente de clase en nuestras bases, sobre nuestros propios métodos organizativos y de lucha!
·         ¡A ejercer consecuentemente la solidaridad con los/as detenidos/as y procesados/as por luchar!
·         ¡Activemos la seguridad y la autodefensa obrera y popular, castiguemos a los infiltrados con el rigor obrero! ¡Contra el monopolio de la violencia estatal, violencia obrera y popular!